Política
  • Gringos compran cada día 95 casas y departamentos en México

  • Algunos huyen de Trump, otros buscan mejor clima, felicidad, humanidad o invertir a precios más bajos que en su país. Inmobiliarias registran boom en 2021 y 2024.
Las razones de compra de los foráneos son diversas. (Foto: especial)

Quemó sus naves al más puro estilo del siglo XXI. Antes de vender todas sus propiedades en Houston, John Kinsey era víctima de la lógica que implica ser ciudadano de Estados Unidos, el país más poderoso del mundo: vivir ahí para tener un buen trabajo, una casa hermosa, viajes, coche, ropa y, también, para complacer a los demás. Y sin embargo…

“En mi interior no me sentía feliz”, reconoce a ocho años de su migración a México y a un año de haber comprado su departamento en la capital del país. Es un extranjero entre los casi 100 que diariamente se hacen de una propiedad en México, 60 de ellos de origen estadunidense, calcula la agencia de bienes raíces WeBook Reality.

A falta de estadísticas oficiales que documenten cuán sexy se ha vuelto México para los inversionistas foráneos, esta inmobiliaria –de las más destacadas en el mercado de alto nivel económico–, mantiene un registro con base en cálculos de sus propias ventas y otras compañías de bienes raíces en el país.

John escogió Guadalajara para vivir porque le asustó el tráfico de la Ciudad de México. (Foto: especial)
John escogió Guadalajara para vivir porque le asustó el tráfico de la Ciudad de México. (Foto: especial)

Así se sabe que los gringos mantienen en promedio 35 mil transacciones anuales que representan el 60 por ciento del mercado.

Esto significa un ritmo promedio de 95 compras al día. Les siguen los canadienses, con una media de 6 mil 500 (11 por ciento con 17 al día); entre varios países suman 4 mil (7 por ciento con 12 diarias) y los españoles, con unas 3 mil 250 (6.5 por ciento, nueve diarias). Los alemanes realizan 6 cada 24 horas; Francia, Reino Unido y Argentina, cinco; China con tres, Colombia y Brasil con dos al día.

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John Kinsey huyó del sueño americano al arranque de la primera presidencia de Donald Trump, cuando reconoció su desdicha a causa del materialismo. No tenía tiempo para leer, para las matemáticas que ama, para aprender Historia o apreciar las cosas simples.

“Sé que hice lo correcto porque en marzo pasado pude ver allá la polarización que ya había en 2017, pero más grande, la gente más enojada y no quiero ser parte de eso”, reflexiona.

Al principio, John escogió Guadalajara para vivir porque le asustó el tráfico de la Ciudad de México y había descartado Mérida, San Miguel Allende y Oaxaca. “Fue mi culpa”, reconoce, “quise hacer dos cosas el mismo día: ir al Estadio Azteca y a un concierto”. La capital jalisciense le pareció más tranquila y aún lo suficientemente lejos de Texas, pero no tanto.

En ese tiempo tenía que estar atento a los llamados de la oficina donde trabaja como contador en Houston. Aunque era nómada digital, a veces requerían su presencia y él quería tener la certeza de un vuelo que lo llevara en pocas horas. Además, su madre y hermano aún viven allá. En resumen, sólo tenía de dos sopas: México o Canadá.

Pensándolo mejor, descartó ir al norte por el clima frío, mientras que, del otro lado del río Bravo –que él conocía como río Grande– el sol lo esperaba con el único reto del español al que no le temía por las bases que le dio su maestra migrante chilanga en la secundaria de Texas, además de haber tomado otros cursos de inmersión en el idioma.

“John no va a aguantar ni tres meses en México”, vaticinó su madre, que prejuzgaba basada en las noticias del único canal que ven los estadunidenses de derecha, según observa hoy John, el mismo que caricaturiza al país del sur como un permanente llano en llamas.

Nada más retorcido, concluyó con el tiempo: la inseguridad aquí es cuestión de momentos específicos, se da por zonas, no es generalizada, y casi nunca la violencia compromete a los gringos o, en dado caso, suele ser la excepción, no la regla.

La oleada foránea empezó con el covid

“Los extranjeros vienen de visita y cuando descubren que el México que ven en vivo no es el que les dicen en las noticias, entonces ya buscan [una propiedad] para comprar, sobre todo en las playas y las grandes ciudades”, observa Daniel Narváez, director general de WeBook.

Coincide Mariana Bermúdez, de MX360, agencia especializada en atención a los compradores foráneos en la Ciudad de México que fundó con una socia de Estados Unidos después de la pandemia y ante el creciente interés de adquisición de bienes inmuebles.

 “México no tenía tantas restricciones en la época del covid-19 y muchos extranjeros querían venir”, recuerda.
“Ha habido dos olas grandes de interés por comprar por parte de los estadunidenses: una fue en 2021; luego bajó en el periodo presidencial de Joe Biden y la otra ola empezó en 2024. En esta última hay más jóvenes, nómadas digitales, demócratas, de la comunidad LGTB y hasta familias completas que no se sienten bien con las políticas de su país”, explica.

En 2019, el porcentaje de demanda de bienes raíces por parte de extranjeros fue de apenas 2.5 por ciento, documenta WeBook; en 2020, creció al 5 por ciento; en 2021, dio un salto de entre 25 y 30 por ciento, y en los últimos años ronda entre 15 y 20 por ciento. Con estas oleadas de operaciones los foráneos acapararon el 15 por ciento del mercado.

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El procedimiento es simple en este boom de vivienda: los interesados vienen por dos años en promedio; exploran, huelen, escuchan, calculan, aman y luego compran.

Kinsey, quien llegó antes, se condujo más cauto. Tardó siete años en decidir ser propietario hasta que lo empujaron los números de los gastos de renta. “Soy contador, calculo todo”, describe.

Después de la experiencia tapatía de dos años se mudó a probar suerte en la Ciudad de México. Vivió un tiempo en la colonia Condesa, y en 2024 adquirió su departamento en el Centro Histórico para obligarse a hablar español –en la otra colonia había demasiados compatriotas– y porque el trajín del lugar le devolvió las ganas de vivir a los 55 años.

“Siento felicidad sólo de salir de mi departamento y ver tanta historia, el edificio de enfrente es de 1926 y a unos pasos está el Reloj Chino o la plaza donde bailan danzón, música como ‘soundtrack’ de mi vida”.


Por qué vienen a México


Las razones de compra de los foráneos son diversas. Algunos, como John, quieren hacer un hogar; otros quieren ahorrar porque es más barata la vida o son inversionistas y aprovechan las oportunidades que da la migración, cuando unos van y otros llegan.

En los segmentos de lujo, por ejemplo, WeBook identificó que en los últimos años las clases altas mexicanas están vendiendo sus casas para irse a vivir al extranjero y quienes se los compran son… ¡extranjeros!

Las razones de compra de los foráneos son diversas. (Foto: especial)
Las razones de compra de los foráneos son diversas. (Foto: especial)

Las inmuebles que rebasan los 11 millones de pesos tienen este año 4 por ciento más demanda para inversión que en 2024 por parte de corporativos –principalmente asiáticos–, y los que están en playas –la Riviera Maya, por ejemplo– llaman la atención de europeos o latinos que antes invertía en Miami.

Hay también muchos mexicanos migrantes que quieren invertir de vuelta en su país. “Ven más inseguridad con Trump”, justifica Narváez.

Impuestos a la gentrificación


“Este creciente interés es un reto para todos (gobierno, inmobiliarias, sociedad). Vemos que hay muchas oportunidades, pero también un impacto negativo: la gentrificación”, es decir la transformación social de un espacio debido a las inversiones físicas, altas rentas y plusvalía creciente que expulsa a los antiguos habitantes de esas zonas.

Para hacer frente a esta inédita situación, algunos estados, como Oaxaca, analizan medidas extremas como un impuesto del 80 por ciento por la adquisición de bienes inmuebles cuando la persona adquirente no sea mexicana.

Mariana Bermúdez, de la agencia MX360, reconoce el impacto por la compra de los bienes inmuebles de foráneos, su papel en el encarecimiento y el desplazamiento de población local, sin embargo, opina que debe analizarse muy bien a la población interesada pues muchos de ellos son pequeños empresarios que han abierto sus negocios, bares, restaurantes.

“Han invertido su capital y familia para apostar por México, vienen a sumar”, reflexiona la especialista.

En 2019, la demanda de bienes raíces por parte de extranjeros fue 2.5 por ciento. (Foto: especial)
En 2019, la demanda de bienes raíces por parte de extranjeros fue 2.5 por ciento. (Foto: especial)


“Hasta los turistas pueden comprar”


Julie Tallapally organizó una fiesta para sus amigos indios y mexicanos que la han visto crecer como gerente general de una empresa de tecnología de la información de su país que opera en Guadalajara.

Hubo biryani de pollo, pan poori, aloo curry, sambhar, yogur y el dulce custard en una celebración al estilo hindú, sin baile, pero con mucha alegría que se extendió por dos días de puro júbilo porque después de ocho años de trabajo y gusto por el respeto, la amabilidad y disposición de los mexicanos, Julie se compró una propiedad.

Vestida de sari rosa y con la mano firme, cortó el listón simbólico y dio por inaugurada una nueva etapa de su vida que prevé larga, con un centro de operaciones.

Tardó varios meses en escoger el lugar correcto. Lo encontró pintado de amarillo pastel en dos pisos con una sala de estar, un pequeño comedor de seis plazas y un balcón de frente al sol: lo suficiente para sentirse mexicana, aunque no es ciudadana de manera formal. Pero tiene la residencia permanente desde el año 2021.

Julie está en todo su derecho de comprar aquí una propiedad como cualquier foráneo, lejos de la franja fronteriza de 100 kilómetros y de los 50 kilómetros de cualquier costa donde los extranjeros no pueden adquirir propiedades inmobiliarias directamente, sino a través de un fideicomiso.

“Es muy fácil comprar en México”, define el abogado Spencer MacMullen, quien estudió leyes en México y ayuda a angloparlantes a hacerse de propiedades sin riesgo. “Hasta los turistas pueden”.

El proceso inicia con la firma de un documento de la Cancillería en el cual se comprometen a no involucrar al gobierno de sus países si algo sale mal con la propiedad. Después pagan 5 mil pesos por el permiso.

Spencer les recomienda que, si tienen dinero para comprar una casa, mejor se hagan residentes temporales o permanentes para evitar problemas futuros con los impuestos.

México pide solvencia económica para esa visa, pero con ella pueden sacar un Registro Federal de Contribuyentes (RFC) y una Clave Única de Registro de Población (CURP) y así obtener una firma electrónica para la fiscalización, como para cualquier mexicano.

El procedimiento suena simple, pero no lo es cuando no se domina el español y el país tiene endebles vigilancias en el proceso. 

Explica Spencer que “en Estados Unidos hay mucha regulacion de los agentes de bienes raíces, hay exámenes, agencias de gobierno, checan sus antecedentes penales; deben obligatoriamente tener licencia, cursos de actualización cada cuatro años; aquí, en cambio, cualquiera puede declarase agente, aunque no tenga ninguna preparación, sea un tonto o un criminal”.

Recientemente en Jalisco se logró obligar a los agentes a tomar cursos de 120 horas para tener una licencia y aparecer en una lista de inmobiliarios certificados, pero sigue sin existir la figura del escrow (fideicomiso, fianza), donde una empresa funge como tercero para que en su cuenta se haga el depósito de garantía y se eviten fraudes en la compraventa.

“Aquí es la agencia de bienes raíces la que recibe el depósito de garantía y es una tentación para el fraude: hace poco en Guadalajara una señora de Estados Unidos dio 300 mil pesos a una agencia y ésta se los robó”, comentó.

Otra situación se da cuando los extranjeros quieren comprar en la franja fronteriza o en las playas. En el fideicomiso, un banco es el garante y no le gusta mucho a quienes quieren una propiedad, sobre todo si no son empresarios.

En Tijuana es una constante tentación querer comprar en la zona limítrofe porque el costo de vida es infinitamente menor que en San Diego o Los Ángeles, las ciudades vecinas de California. Paola Robles, presidenta de la Asociación Interamericana de Abogados Especializados en Derecho Migratorio, señala que cada semana la llaman dos gringos que buscan ayuda para “volverse mexicanos” y no tener que crear un fideicomiso.

“Hay un boom inmobiliario durísimo ahora en Tijuana: un 30 por ciento de incremento”, revela. “Para ellos es muy fácil venir a comprar un superdepartamento de lujo por 350 mil dólares, que serían 7 millones de pesos, con lo que no les alcanzaría para mucho en California”.
En Tijuana es una constante tentación querer comprar en la zona limítrofe. (Foto: especial)
En Tijuana es una constante tentación querer comprar en la zona limítrofe. (Foto: especial)

La inseguridad, que era un factor que los frenaba hasta antes de la pandemia, ha disminuido y la gente está más animada.

“Yo soy de la Ciudad de México, llegué a Tijuana hace cinco años con el temor de todo mundo y encontré una ciudad segura, constructoras ofreciendo muchos departamentos y compradores estadounidenses dispuestos a hacerse mexicanos”.

¿Quién lo diría?

HCM


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Gardenia Mendoza
  • Gardenia Mendoza
  • Periodista especializada en temas migratorios y en la relación de México con Estados Unidos. Ha sido corresponsal para medios internacionales en radio, prensa escrita y TV. Hoy forma parte de coberturas especiales de 'Milenio'.
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